Charlotte

jueves, noviembre 19, 2015



CHARLOTTE
Amy estaba encogida en su cama, con los ojos cerrados. No había podido conciliar el sueño, y en parte lo agradecía, porque no tendría que pasar por la odisea de los últimos meses. Las pesadillas habían vuelto, y eran cada vez más intensas. Hacía dos noches se había despertado gritando, empapada en sudor, porque creía estar bajo el agua y era incapaz de salir a flote.

Y ahora, había algo que la inquietaba.

Alguien la observaba desde el extremo más oscuro de su habitación. Llevaba mucho tiempo con ella, intentando pillarla desprevenida para conseguir su objetivo. Y Amy no se había dejado coger. 

Aún. 

Había veces que las fuerzas le fallaban; veces que su mente estaba hecha trizas, y que lo único que era capaz de hacer era esconderse y dar rienda suelta a sus lágrimas. Amy sabía que Charlotte estaba allí, vigilándola, esperando a que flaquease una vez más. Pero no podía permitírselo.

Sin embargo, Amy desconocía la capacidad que Charlotte tenía para hacerse con su mente, para derribar sus defensas. Pero sabía que alguien como ella jamás sería capaz de enfrentarse a una niña muerta.

Se escuchó una risa, y Amy abrió los ojos de golpe. Fuera, la lluvia caía como si se fuese a acabar el mundo. El viento movía las ramas de los árboles, creando sombras dantescas, y traía consigo sonidos que no eran nada apacibles. La niña se arrebujó bajo las mantas y trató de respirar con calma. La habitación estaba fría, y la casa en silencio. Lo único que Amy podía escuchar aparte del viento era su propio pulso. Pero aquello no la mantuvo tranquila. Cuando escuchó hablar a Charlotte, volvió a cerrar los ojos.

—Déjame en paz. —le dijo.
— ¿Por qué no quieres ir al lago? ¡Será divertido! Podremos jugar, y nadar…
—Vete.
—Pensé que éramos amigas…
—Yo no soy amiga tuya. No somos nada. Así que vete. Por favor…—sollozó Amy.

Cuando volvió a abrir los ojos, Charlotte ya no estaba. Amy salió de debajo de las mantas y se sentó en la cama. Tenía miedo de moverse. Tenía el presentimiento de que, si intentaba hacer algo, Charlotte volvería, y aquella sería una de las muchas noches que pasaría en vela, tratando de hacerla marchar. 




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