Caja de música

lunes, noviembre 23, 2015



CAJA DE MÚSICA
 
La caja de música llevaba tiempo en aquel lugar. Tanto tiempo como la casa había estado habitada. Todos los días le daban cuerda. Siempre el mismo número de giros. 

Uno, dos, tres, cuatro.
Uno, dos, tres, cuatro.

Cada día, a la misma hora. Era un divertimento casi efímero, dada la velocidad con la que se terminaba la canción, pero la dueña  del artefacto se sentía completa y absolutamente satisfecha con aquellos instantes llenos de música en los que podía relajarse y danzar alegremente por su habitación. La melodía le hacía sentirse a salvo. Sabía que, mientras sonasen aquellos acordes, mientras la bailarina de rosado tutú girase sobre su eje, ella era un poco más valiente que antes.

 Nada ni nadie podría tocarla. 

Sin embargo, también sabía que, conforme la música acabase, caería la noche. Y la noche traía consigo sombras y sonidos que ella no quería ver ni escuchar. Por eso, al meterse en la cama, la niña abrazaba la caja de música contra su pecho y, cerrando los ojos, tarareaba aquella melodía que la hacía ser valiente, y miraba hacia la puerta de su habitación con la esperanza de que pudiese quedarse dormida sin sobresaltos.

Con la esperanza de que las sombras y los sonidos no se presentasen aquella noche.



**Todas las historias que publique en este blog están registradas en Safe Creative. 

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